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Momento gym ¿qué hacer si estás entre el voy y el no voy?

Tal vez apuntarte al gimnasio fue uno de tus buenos propósitos de año nuevo. O lo hiciste después de las vacaciones cuando volviste a casa con un par de kilos que antes no estaban allí. Hacer ejercicio físico de forma regular nos hace sentir mejor con nosotros mismos no solo a nivel físico, sino también mental.

Sin embargo, hay que reconocer que en ocasiones la fuerza de voluntad escasea y optamos por quedarnos en casa excusándonos en que estamos cansados, hace frío o tenemos otras tareas que hacer. ¿Te identificas con alguna de estas situaciones? No te preocupes, existen varias formas de superar la indecisión inicial y poner rumbo al gimnasio con la motivación que necesitas.

Mejor poco que nada

El trabajo, las obligaciones, la vida social… Es posible que lleves una vida de lo más atareada y que te cueste encontrar un hueco para ir al gimnasio. No te escudes en la falta de tiempo: hacer aunque solo sea un poco de ejercicio al día es mucho mejor que no hacer nada en absoluto. Además, la falta de tiempo no es una excusa para dejar de entrenar: existen sesiones de entrenamiento que no superan los diez minutos y con los que podrás ponerte a tono en un tiempo récord. ¿A quién no le sobran diez minutos al día?

Piensa en los beneficios a largo plazo

Sí, al principio, ir al gimnasio puede resultar bastante duro. No estás en forma, te agotas enseguida y aún no has empezado a ver los resultados de la práctica de ejercicio físico. ¿Para qué seguir? Un truco para superar esta situación es pensar en el largo plazo y visualizarte en el futuro, con un cuerpo tonificado y en forma. Además, la actividad física te ayudará a mejorar tu estado de ánimo gracias a la segregación de hormonas como la serotonina y la dopamina. ¿Quieres ser más feliz? Entonces, pon camino al gimnasio.

Haz ejercicio en compañía

A veces puede resultar complicado encontrar la motivación cuando el compromiso es solo con nosotros mismos. No obstante, si te acostumbras a practicar ejercicio físico en compañía, no solo tus entrenamientos serán más divertidos, sino que, al comprometerte con otra persona, la indecisión sobre ir o no ir al gimnasio se reducirá.

Alterna tu rutina de entrenamiento

Cualquier tipo de rutina, ya sea en nuestro ámbito laboral, de ocio o sentimental puede acabar por desanimarnos y desmotivarnos. Con el ejercicio físico ocurre lo mismo. Ir al gimnasio y realizar el mismo entrenamiento en cada sesión puede acabar por aburrirte. Alterna unos ejercicios con otros en diferentes días, apúntate a clases dirigidas o sustituye una tarde de máquinas por unos cuantos largos en la piscina. Romper con la rutina te ayudará a que recuperes – y mantengas – la motivación.

Ponte metas realistas y prémiate al cumplirlas

No pretendas conseguir un cuerpo diez de la noche a la mañana, o resistir una sesión de spinning desde el primer día sin despeinarte. Ponerte metas irreales solo hará que te desmotives y sientas que no estás alcanzando tus objetivos. En lugar de eso, ponte pequeños objetivos que puedas cumplir poco a poco y con constancia.

Prométete una recompensa cuando lo logres y, llegado ese momento, prémiate con algo que te haga ilusión y que te ayude a mantenerte motivado. Nada mejor que ver los objetivos cumplidos para seguir adelante.

Anota que empezar a ir al gimnasio, recuperar la motivación después de las vacaciones o hacer frente a los días más fríos puede resultar duro al principio. No obstante, siguiendo estos consejos te resultará mucho más fácil encontrar la motivación para ir al gimnasio y dejarte las excusas en casa.

 

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